EL MANDO: UNA CUESTIÓN DE CARÁCTER.

EL MANDO: UNA CUESTIÓN DE CARÁCTER. 18 DE MARZO DE 2015
La mayoría de problemas que se producen en la empresa, en relación al trato y eficacia del equipo humano, son de naturaleza caracterológica.
Tanto es así, que podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos, que el dirigente que posee una profunda cultura caracterológica reduce en un 80% los problemas de eficacia de su equipo. Coordina, cohesiona y motiva a su equipo.
Para demostrar lo que digo, debemos preguntarnos:
Los problemas que surgen en las relaciones entre los mandos intermedios o encargados y sus subordinados, así como los conflictos que nacen del trato e interpretación de las órdenes de sus superiores. ¿No son caracterológicos en su mayoría? ¿Y una correcta aplicación de la inteligencia a la resolución de los problemas, no es esencialmente un problema de formación del carácter?
Y el buen rendimiento de un directivo, el estar en forma, el dosificar sus energías, estar sereno en momentos de emergencia, evitar el “surmenage”, motivar a sus colaboradores dando siempre un mismo tono optimista y representativo. ¿No es todo ello una cuestión de carácter?
Las relaciones del directivo con sus colaboradores inmediatos, a los cuales debe hacer comprender los objetivos a conseguir en equipo y a los cuales debe motivar, ¿no es tal vez caracterología aplicada?
Para evitar conflictos en las relaciones con los distintos colaboradores, pérdida de prestigio, ascendiente personal,   desmoralización y desgana a su gente,   el directivo debe formarse en las técnicas caracterológicas y de recursos humanos, ya que la raíz de los problemas y la falta de eficacia del equipo, se debe principalmente a las siguientes causas:
–         Por apatía, desgana, producida por el surmenage. Es decir, el dirigente no cuida la proyección de su imagen. No tiene en cuenta que el ser humano es mimético e imita al jefe.
–         Sentimientos de superioridad, por falta de una mayor cultura caracterológica. Como alguien escribió:Serás grande en la medida que no hagas sentir a los demás que son pequeños.
–         Por falta de ductilidad en adaptarse a nuevas situaciones. Es decir, temer al cambio. No tener iniciativa y espíritu emprendedor para afrontar las nuevas situaciones.
–         Por poco autodominio y escaso control de las emociones en el momento de mantener relaciones eficaces, incluso con personas que le son opuestas.
–         Por falta de capacidad expresiva y de persuasión. El dirigente debe ser capaz de extrovertirse, comunicando con entusiasmo las directrices que imparte. Pero a la vez debe tener habilidad para analizar en profundidad los problemas antes de tomar una decisión, actitud principalmente introvertida.
–         Falta de habilidad en la delegación de tareas, funciones, responsabilidades y autoridad. Debe consensuar con el colaborador y escribir y firmar los acuerdos.
–         Por no aceptar, al delegar, las posibilidades de error de quien debe realizar la tarea. Aprovechar el error para formar.
–         Por carecer del espíritu de selección del propio equipo, es decir, no saber trazar el perfil de personalidad y aptitudes de las personas que forman el equipo directivo. Y finalmente por:
–         Falta de habilidad en prever las reacciones de otras personas en relación con las decisiones tomadas o propuestas.

JORDI MORERA I JANSÀ

Profesional incluido en el BUSCADOR PROFESIONAL THESAURO 

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