UN DÍA EN LA OFICINA
¿Estás seguro de que no hay nada más que deba saber?
Cuéntamelo todo, por insignificante que parezca, porque si en algún momento del proceso aparece un hecho que desconozco, nos pondrá las cosas muy difíciles.
Advertencias como esta, han tenido lugar, infinidad de veces a lo largo de la historia, pues ya en el mundo clásico se dieron cuenta de la importancia de la franqueza entre cliente y abogado; franqueza que es quebrantada continuamente. Un ejemplo de ello, lo constituyen los abogados que buscan una segunda opinión, porque desconfían tanto de la información del cliente, como del resultado del laboratorio forense al que acudieron anteriormente, cuya consulta gratuita iba claramente enfocada al cobro del informe.
Obviando a los clientes convencidos de su inocencia, nos centraremos en aquellos que temen la verdad, pues resultan curiosas las estrategias que emplean para condicionar al perito en su estudio. Muchos de ellos, ya no se conforman con decir que la firma no es suya, sino que hacen su propio estudio y mandan al perito aquellos gestos gráficos que según ellos deberían aparecer en el informe para exculparles.
Por otro lado, también he aprendido que existen personas que utilizan la red como si fuera la internet profunda, buscando peritos que les falsifique una baja laboral, o que les enseñe a engañar al experto que dirigirá el cuerpo de escritura al que serán sometidos próximamente.
Estas situaciones que pueden parecer subrealistas, demuestran las trampas que somos capaces de emplear, sobre todo si no tenemos la razón de nuestro lado. Todo esto se resume en una pregunta; si un perito defiende en la sala un informe, con una conclusión guiada por el cliente ¿no es razonable pensar que su falta de convicción, facilitará el trabajo a la otra parte?.







